Para quien conoce la gloria pero sin paz

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Al llegar a los cuarenta una amiga me regaló el libro de Mastretta con una dedicatoria que decía “para quien conoce la gloria, pero sin paz“. En aquel momento , síntesis de los primeros treinta años de vida, me pareció un exceso. Hoy al inicio de los cincuenta me parece un estilo de vida y lo comparto.

“Yo (…) me comprometo a vivir con intensidad y regocijo, a no dejarme vencer por los abismos del amor, ni por el miedo que de éste me caiga encima, ni por el olvido, ni siquiera por el tormento de una pasión contradicha. me comprometo a recordar, a conocer mis yerros, a bendecir mis arrebatos. Me comprometo a perdonar los abandonos, a no desdeñar nada de todo lo que me conmueva, me deslumbre, me quebrante, me alegre. Larga vida prometo, larga paciencia, historias largas. Y nada abreviaré que deba sucederme, ni la pena ni el éxtasis, para que cuando sea vieja tenga como deleite la detallada historia de mis días” (Mastretta, Ninguna eternidad como la mía, p.43)

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