La no pregunta

Ninguno de ustedes me pregunta ¿adónde vas?” (Jn 16,5)

El acto de preguntar tiene la virtud de ser como una puerta, puede abrir campos . Implica dinamismos. Incluye decisiones. Las hay retóricas, que inducen una respuesta; las de trampa, que nos se pueden responder; las de controversia, que obligan a contestar violentamente;  la contra pregunta, sirve para esquivar y las de estilo que sirve para concluir. También  las hay directas, que reclaman un compromiso personal y las que iluminan, porque mueven a la toma de conciencia. Y también aquellas que abren al diálogo. Todas ellas nos ponen siempre ante un umbral . Abren al interés, a la curiosidad, al conocimiento, a la motivación.  En cambio la no-pregunta puede ser una puerta que cierra la posibilidad de conocer nuevos campos, nos puede hablar de repliegues, de temores, de negativas. También  puede remitirnos al desconcierto.

¿Cómo preguntar por el ADONDE VA si predicaba que iba hacia un SUJETO? ¿No es humanamente ilógico? En realidad ese ADONDE VAS ,  remite a otro significado, habla de una dirección, la pregunta que reclama Jesús implica un posicionamiento del oyente no tanto al mundo de las ideas  cuanto al mundo de las decisiones frente a un umbral totalmente desconocido que interpela nuestra existencia.

¿Nos atrevemos  a preguntar a Jesús, ¿adónde vas?, y dar un paso hacia un territorio amorosamente desconocido?

MCF

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